Biografía de San Vicente Ferrer

NACIMIENTO Y ANTECEDENTES FAMILIARES

Vicente Ferrer nació el 23 de enero de 1350 en Valencia. Su casa natalicia estaba situada y existe todavía en la calle del Mar, era de sus padres Guillem Ferrer, notario, y Constanza Miquel; hoy está regentada por los Padres Dominicos y es conocida popularmente por “El pouet”, pues en ella existe un pozo que nuca se ha secado y fue el único del que era seguro beber en tiempo de peste. Tuvieron siete hijos más, dos varones, Pedro y Bonifacio, este segundo se casó y fue jurisconsulto eminente recibiendo encargos y magistraturas importantes de la ciudad y, al enviudar, entró en la Cartuja de Porta Coeli en 1396, llegando a ser General de la Orden y recibiendo cargos elevados del Papa Benedicto XII. Solo se conoce el nombre de tres de sus hermanas Constanza, Francisca e Inés.

Los venerables padres fallecieron por los años de 1394, cuando estaba ocupado San Vicente en sus apostólicas misiones por los pueblos de Aragón, donde le reveló Dios los felices tránsitos.

BAUTIZO

Fue bautizado en la iglesia parroquial de San Esteban, y fueron sus padrinos Ramón d’Oblites, Jurat en cap (alcalde) y los jurados, Guillen d’Espigol y Domingo Aragonés, los cuales se dirigieron a una noble dama para que fuese la madrina, Dª Ramoneta d’Encarroç y de Vilaragut, señora de Rebollet y de la villa y honor de Corbera. A la hora del bautizo se dirigieron a la casa de Guillem Ferrer los Jurados, puestos sus trajes de ceremonia, seguidos de mucha nobleza y numeroso pueblo, llevando al niño procesionalmente a la parroquia. El cura, En Perot Pertusa (D. Pedro), salió a recibirles lleno de gozo por el nuevo feligrés. Cuando iba a precederse al bautizo, surgió la cuestión entre los Jurados acerca del nombre para el niño, todos querían que llevase el suyo, la contienda fue atajada por el sacerdote, diciendo: «Dios habla por su Iglesia: que el niño lleve el nombre del ilustre Santo del que estos días celebramos su glorioso triunfo; se llamará Vicente.

En ella vivió el ilustre Apóstol hasta 1367, año en que tomó el hábito de religioso de Santo Domingo en el Convento de Predicadores (fundado por el rey Jaime I), y sus paredes dichosas vieron los inocentes juegos del tierno niño, su temprana piedad, los primeros milagros, la formación de aquella alma purísima, que había de dar tanta gloria a la Iglesia de Jesucristo.

VICENTE EN LA ORDEN DE PREDICADORES. PRIMEROS AÑOS.

El 2 de Febrero del año 1367, fiesta de la Purificación de la Virgen, después de haber recibido la parte de la legítima que le tocaba en herencia, y haberla

distribuido entre los pobres, acompañado de su padre, que no le abandonó un instante, se presentó Vicente á las puertas del convento, y rogó al Prior que,

asintiendo á su vocación, le vistiese el sagrado hábito, á lo que accedió con gran regocijo de todos los religiosos. Un año más tarde, el 6 de Febrero de 1368, el día de Santa Dorotea virgen y mártir, hizo Vicente la profesión solemne en manos del Prior Fray. Mateo de Benincasa.

Desde que entró Vicente en el convento, se dedicó, con todo el ardor de un corazón de diez y ocho años, a la meditación continuada, al estudio constante y a la práctica de todas las virtudes. Reflexionando sobre la vida y constituciones de Santo Domingo de Guzmán, fundador de su Orden, se propuso tomarlo por modelo y copiar en su alma todas las virtudes del gran Patriarca. Humildad, obediencia, oración, mortificaciones: he aquí brevemente compendiada la vida del Santo desde que entró en el convento, y que copió admirablemente del modelo que se había propuesto.

Tras su profesión solemne se dedicó a enseñar Filosofía a los religiosos jóvenes. En 1368 fue enviado a Barcelona para ampliar estudios. Al cabo de dos años pasó a Lérida para enseñar Lógica como lector (dar lecciones, profesor) en el Estudio general de la provincia. Pasado dos años es enviado al Estudio general de Barcelona para estudiar Sagrada Escritura durante tres años, se cree que ene sta época aprendió hebreo. Vicente tiene 24 años y es diácono.

A esta época se remonta el principio de su fama por su elocuencia, pues ya debe predicar en lugares públicos para que toda la gente que quiera escucharle pueda hacerlo. También empieza a dar signos de poseer el don de profecía, pues en 1374 es cuando realiza el anuncio de la llegada a Barcelona de dos naves cargadas de trigo, en un tiempo en el que hubo una hambruna en toda Cataluña. Así mismo se tiene constancia de uno de sus primeros milagros, aquel en el que manda detenerse en el aire a un albañil que ha caído del andamio hasta conseguir del prior el permiso para hacer el milagro.

En 1375 se le nombra lector de física en Barcelona, cargo que ostenta un solo año, pues en 1376 lo encontramos de vuelta a Valencia, aunque por poco tiempo, ese mismo año es enviado a la Universidad de Toulouse, de las más prestigiosas, del momento; se da el caso de que entró como alumno y salió de allí como maestro, ostentando el puesto de catedrático.

A finales de 1378 vuelve a Valencia  donde permanecerá durante 10 años. Su fama como predicador y taumaturgo crece; logrando numerosas conversiones entre moros y judíos. En 1385 se le encarga la cátedra de Escritura de la Catedral de Valencia. En el tiempo de cuaresma durante estos años se dedicó a predicar en multitud de poblaciones del Reino de Valencia, de lo que queda constancia por las muchas ermitas construidas en los pueblos que visitó para perpetuar su recuerdo. En 1388 se le confirió el título de maestro en sagrada Teología.

EL CISMA DE OCCIDENTE

En vida del santo tuvo lugar el conocido como cisma de Occidente, llegando a haber en un momento determinado hasta tres papas, uno en Avignon, otro en Roma y un tercero elegido para terminar con el cisma dimitiendo los dos anteriores. Pedro de Luna, Benedicto XIII, convenció a San Vicente de su legitimidad y así lo reconoció públicamente y defendió durante muchos años, y este le encargó importantes misiones y trabajos, nombrándolo legado pontificio en muchas ocasiones, interviniendo en importantes asuntos de estado, tanto en la Corona de Aragón como en el Reino de Castilla. El Papa Luna le ofreció dos obispados, primero el de Lérida, más tarde el de Valencia, rechazando las dos veces estos honores y quiso nombrarlo cardenal, puesto que tampoco aceptó. En Perpiñán donde se habían reunido el rey Fernando de Aragón, el emperador Segismundo, los embajadores de los reyes de Castilla y de Navarra, y los condes de Foix y Armagnac para convencer a Benedicto XIII que recunciase al papado, y habiendo huido este a Peñíscola, el rey Fernanado le prometió al emperador Segismundo que convencería al Papa Luna o le retiraría su obediencia; no consiguió su propósito y tras consultar con San Vicente este le dijo que debía retirarle su obediencia, por el bien de la Iglesia, y que mandara un mensaje para que hicieran lo mismo los reyes de Castilla y Navarra. Quedaron de acuerdo en hacer el solemne anuncio el día de la Epifanía de 1416. San Vicente se encargó de hacerlo público, para reforzarlo con su autoridad, terminando con estas palabras: «Buenas gentes, de la misma manera que los tres reyes, en tal día como hoy, ofrecieron al Señor presentes magníficos, nuestros tres señores, los reyes de Castilla, de Aragón y de Navarra, han hecho hoy esta ofrenda a Dios y a la Santa Iglesia, por la unión y la paz».

EL COMPROMISO DE CASPE

San Vicente contó con una faceta que nadie tiene que ver con la religiosa, pues también fue una figura política. Y, además de dar consejo y opinión a los monarcas que le requerían, tuvo una influencia capital en el llamado Compromiso de Caspe. Muerto el rey Martín el Humano sin descendencia, ni haber manifestado su preferencia por algún posible sucesor, la Corona de Aragón se encuentra con varios pretendientes al trono vacante. Cinco eran los aspirantes que se presentaban con títulos respetables, más ó menos legítimos: D. Jaime de Aragón, Conde de ürgel; D. Alfonso, Duque de Gandía y Conde de Ribagorza; el Infante D. Fernando de Castilla; D. Luis de Aujón, Duque de Calabria, y D. Fadrique, hijo natural del rey D. Martín de Sicilia. De todos éstos el más fuerte y temible era el Conde de Urgel, no sólo por sus partidarios, que eran numerosos en Aragón y Valencia, sino también por su genio activo, impetuoso y osado: los demás apenas tenían partidarios, si se exceptúa al Infante D. Fernando, a quien había mostrado decidida inclinación el rey D. Martín, y en cuyo favor estaban el Justicia de Aragón, el Arzobispo de Zaragoza, el Gobernador Lihora y el mismo Benedicto XIII, formando un numeroso partido. Tras numeroso conflictos los síndicos de Aragón, Valencia, Mallorca y Cataluña acordaron que, en la localidad de Caspe, se reunieran nueve personas de “ciencia y conciencia pura y buena fama” las cuales debían nombrar la persona a quien en justicia correspondiese el trono, al que se le debería prestar homenaje y fidelidad como monarca legítimo de estos reinos.

Finalmente, puestos de acuerdo los nominadores de los reinos, resultaron elegidos por Aragón: don Domingo Ram, Obispo de Huesca; Francisco de Aranda, de la Cartuja de Porta-Coeli, y Berenguer de Bardají, letrado. Por Cataluña fueron elegidos: D. Pedro de Zagarriga, Arzobispo de Tarragona, Guillem de Vallseca y Bernardo de Gualbes, sabios é íntegros jurisconsultos. Por Valencia: D. Bonifacio Ferrer; Prior de la Cartuja de Porta-Coeli, San Vicente Ferrer y Ginés Rabassa, hombre íntegro y muy estimado patricio, si bien habiéndose fingido demente para. excusarse de la responsabilidad de la elección, fue sustituido por Pedro Beltrán, varón también muy eminente y recomendable. La reunión comenzó el 29 de marzo, demorándose hasta el 24 de junio la elección del sucesor del difunto rey Martín. El 28 de junio, tras celebrar la misa del Espíritu Santo el obispo de Huesca, subió al púlpito nuestro santo para proclamar el veredicto de la comisión, que había elegido a Fernando de Anrequera, Infante de Castilla, como nuevo rey. Elección que la historia posterior demostró acertada.

COLEGIO IMPERIAL DE HUÉRFANOS DE SAN VICENTE FERRER (1)

Siglos XV a XVIII

San Vicente Ferrer, que en 1410 está en Valencia, recoge a niños huérfanos y abandonados bajo el cuidado y tutela de los Beguines. En 1540, al decaer la asistencia a los niños por parte de los Beguines, algunos Caballeros se hacen cargo de aquéllos, formando la Cofradía del Bienaventurado San Vicente Ferrer.

Diez años después, en 1549, el Emperador Carlos I de España, desde Bruselas, oficia al Virrey de Valencia que provea lo que más convenga en beneficio de esta obra vicentina. El 14 de Marzo de 1593, el rey Felipe II, por Real Carta en la que suprime la Cofradía de San Vicente Ferrer y manda a los jurados, el cabildo de la Seo y clavarios del Hospital nombren un representante suyo para administrar el Colegio, le dio plena personalidad jurídica, como Institución benéfica y régimen de gobierno.

El rey Felipe III, en el año 1620, hace donación del antiguo Colegio de Moriscos, fundado por su abuelo el Emperador Carlos I de España, en 1545, para Colegio y habitación de los niños huérfanos de San Vicente Ferrer. En fecha 6 de Noviembre de 1624, los niños de San Vicente pasan a ocupar la Casa del Emperador. “Para que puedan recoger más huérfanos hasta tener tiempo de poderles acomodar en los oficios que eligieren”, el rey Carlos II, el 31 de Enero de 1677, por Real Carta, ordena a la Ciudad de Valencia “que de hoy en adelante le pagues censo día por día, como se ejecuta en los del Hospital”.

Siglos XIX y XX

El rey Alfonso XIII, por una Real Orden, firmada el 29 de Enero de 1913, clasificó “de Beneficencia particular el Colegio Imperial de Niños Huérfanos de San Vicente Ferrer, instituido por el mismo Santo (…), pues aparte de ser su objeto esencial el acogimiento de niños huérfanos pobres, realiza también misión educativa”.

En 1968, por hundimiento parcial de la fábrica del Colegio, se edifica otro, de nueva planta, en término municipal de San Antonio de Benagéber, distante 14 kilómetros de Valencia. Y el 18 de septiembre de 1977, la secular Institución acoge en amplios pabellones y espacios ajardinados “als xiquets de Sant Vicent”. Este “Colege dels xiquets de Sant Vicent” es un milagro, el mayor de los numerosos milagros de este santo valenciano, porque pervive a lo largo de seis siglos, fiel a la idea y móvil de su Santo Fundador.

(1) Tomado de la web del Colegio Imperial.

MISIÓN DEL SANTO COMO LEGADO DE CRISTO

Encontrándose San Vicente en Aviñón, contando con 48 años, edad bastante notable para la época sucedió, en palabras de Mahuen en el libro III de su Praedicatorium Avionense, ocurrió el siguiente hecho milagroso . «Vicente Ferrer se retiró al convento de Aviñón, donde durante seis meses no cesó de dirigir al pueblo las más ardientes exhortaciones, ofreciendo por la extinción del cisma sus continuados ayunos, sus plegarias y sus maceraciones del día y de la noche, hasta que por fin, vencido por el pesar y el dolor, cae gravemente enfermo. El día tercero, tendido en su doloroso lecho, rogaba con intensísimo fervor por la paz de la Iglesia; mas he aquí que de repente, la víspera de San Francisco, el Señor se le aparece, rodeado de multitud de ángeles, acompañado de Santo Domingo y San Francisco, y tocándole la mejilla a manera de caricia, le devolvió la salud y ie ordenó recorriese los reinos y las ciudades anunciando el juicio universal, prometiéndole que el socorro divino no le faltaría jamás. El Santo se levantó curado, y al instante se dirigió al palacio pontifical con el objeto de pedir el permiso para partir en seguida». Esta curación milagrosa acaeció el 3 de Octubre de 1398, tras ella visitó a Benedicto XIII para pedirle permiso para comenzar su misión, éste no vio la necesidad de tanta prisa y se lo negó a pesar del milagro y el mandato divino, el santo obedeció y se conformó por obediencia.

Finalmente, el 22 de Noviembre de 1399, revestido de todos los poderes que la Iglesia dispone, inauguró nuestro Santo su verdadera misión con el extraordinario título de legado a latere Christi, creyendo en la legitimidad de Benedicto XIII, como lo prueba los poderes de atar y. desatar que le concedió, y de los que usó frecuentemente. Durante veintiún años, hasta su muerte con sesenta y nueve años, recorrió media Europa predicando y pacificando todos los lugares por los que pasó, acompañando su predicación de muchos milagros, casi siempre comenzaba celebrando misa y tras ella comenzaba a predicar, muchas veces varias horas seguidas. Estuvo, prácticamente en toda España Galicia, País Vasco, Navarra, las dos Castillas, Extremadura, Murcia, Andalucía, Aragón, Cataluña, Malllorca, naturalmente en el Reino de Valencia y, como hecho extraordinario, en el Reino Moro de Granada por invitación de su monarca. No solo visitaba las ciudades importantes, durante el camino iba parando en muchas poblaciones intermedias. Muchas veces era invitado por reyes o personajes destacados (alto clero y nobleza). También recorrió, casi por completo, Francia, Italia, Suiza…

MUERTE EN VANNES (FRANCIA).

Durante la Cuaresma de 1419, a pesar de encontrase ya gravemente enfermo, predicó todos los días desde el púlpito. Sintiendo próxima su muerte quiso regresar a su tierra de nacimiento, para evitar la dolora despedida decidió abandonarla de noche, montando en un borriquillo se encaminó al puerto, embarcó en una nave que no consiguió en toda la noche avanzar nada. Agravada su enfermedad entendió que no era voluntad de Dios que volviese a su patria. De forma que volvió a Vannes, con gran regocijo de sus ciudadanos, viéndose obligado a permanecer en la cama. Aún tuvo aliento para dirigir unas palabras a algunos valencianos que le acompañaban constantemente, les encargó diesen a su Valencia querida estos consejos de su parte:  «Siempre ha ocupado mi patria—les dijo— lugar preferente’ en mi corazón; para ella han sido siempre mis afanes, continuamente la he socorrido, y muchas de mis oraciones han ido siempre encaminadas á su mayor bien y felicidad. No tan fácilmente se olvida el lugar donde se ve la luz primera de la vida, donde se reciben las caricias de la madre, los cuidados de la familia; mi mayor pesar es el morir lejos del lugar donde nací y aprendí el camino de las virtudes que he andado toda mi vida. Si allí formé mi corazón, también fortifiqué mi alma para emprender el apostolado que Dios me encomendó. ¡Pobre patria mía!, no puedo tener el placer de que mis huesos descansen en su regazo; pero decid a aquellos ciudadanos que muero dedicándoles mis recuerdos, prometiéndoles una constante asistencia, y que mis continuas oraciones allá en el cielo serán para ellos, a los que nunca olvidaré: en todas sus tribulaciones, en todas sus desgracias, en todos sus pesares, yo les consolaré, yo intercederé por ellos. Que conserven y practiquen las enseñanzas que les di, que guarden siempre incólume la fe que les prediqué, y que no desmientan nunca la religiosidad de que siempre han dado pruebas. Aunque no viva en este mundo, yo siempre seré hijo de Valencia. Que vivan tranquilos, que mi protección no les faltará jamás. Decid a mis queridos hermanos que muero bendiciéndoles y dedicándoles mi último suspiro».

Entre las cuatro y las cinco del día 5 de abril de 1319 exhaló su último suspiro. Un testigo presencial afirma que, en seguida que espiró San Vicente, el cielo celebró con un prodigio su feliz tránsito a la gloria, pues abriéndose la ventana del aposento donde se encontraba, entraron un crecido número de cándidas y hermosas aves, semejantes á mariposas, exhalando tan suaves fragancias, que todos los presentes juzgaron, eran espíritus angélicos, que tomando la forma de aquellas avecillas, celebraban la entrada de nuestro Santo en las mansiones celestiales de la gloria.

En la Catedral de Vannes reposa su cuerpo, pues no quiso elegir el lugar para ser enterrado, dejándolo en manos del obispo de la ciudad.

PROCESO DE CANONIZACIÓN

Aunque en un principio se pensó que iba a ser un proceso rápido, sufrió una paralización un tanto inexplicable, que se reanudó al padecer Vannes un intensa plaga de peste que hizo que el fervor por San Vicente se reanudase con fuerza. Se incoaron varios procesos, tenemos constancia, de los de Vannes, Tolosa, Aviñón y Nápoles; que posteriormente se unificaron en Roma, en este se dice que: «el Maestro Vicente Ferrer había sido varón ilustrado con las virtudes heroicas y clarísimo en milagros, tanto viviendo como después de muerto, -dando de todo relación al Papa y al sagrado Colegio de Cardenales en dos Consistorios secretos, asegurando a Su Santidad haber hallado más de ochocientos y sesenta milagros comprobados». En vista de esto, Calixto III, con el parecer de los mismos Cardenales, decretó que en otros dos Consistorios generales se relatase en público lo dicho por los testigos. Ejecutose así, y el 3 de Junio ordenó se reuniesen todos los Cardenales y prelados que se hallasen en Roma, consultándoles entonces si, en virtud de lo actuado en los procesos, se debía de proceder a la canonización del Santo: todos respondieron afirmativamente, y el Papa señaló el día 29 de Junio de 1455 para tal acto. Este retraso en su canonización hizo que se cumpliera la profecía que hozo San Vicente de quién sería el Papa que lo subiera a los altares. El hecho ocurrió en Lérida, donde Alfonso de Borja estaba estudiando en el año 1409. San Vicente predicaba allí, se le acercó un día, después del sermón, y Alfonso le dijo: «Padre, habéis pronunciado un sermón muy bonito; ojalá os haga Dios un Santo», a lo que contestó el Santo, retirándole a un lado: «Espero que Dios me hará un Santo, pero tú me darás el más grande honor que puede darse en este mundo». En memoria de este milagro se erigió una capilla cerca de aquel lugar. Finalmente, por estos días le dijo claramente: «Vos seréis Papa y me canonizaréis».

Nota: el libro que nos hemos utilizado como guía para la confección de esta breve biografía ha sido el del canónigo de las Catedral de Valencia, e historiador, D. José Sanchis y Sivera “Histora de San Vicente Ferrer”, editado en Valencia en 1896.